EQUIPO TÉCNICO
dirección
*Manuel Huerga
guión
*Lluís Arcarazo
productor
*Jaume Roures
fotografía
*David Omedes
música
*Lluís Llach
*Ficha completa
|
|

guión
Filmografía seleccionada como guionista
- 'LLACH, LA REVOLTA PERMANENT' (2006, Lluís Danés, documental)
- 'CÁMPING' (2006, Lluís Arcarazo, telefilm)
- 'GOSSOS' (2002, Roma Guardiet, telefilm)
*Ficha en IMDB.com
Yo quería escribir 'Salvador (Puig Antich)'. Se lo propuse a Paco Escribano poco después de leer 'Cuenta atrás'. Le dije: por el tema, por el protagonista, por la época, ahí hay una película de las que valen la pena. Paco sonrió. Eso no estaba en sus manos. Pero pasaron un par de años y un día de agosto, en plenas vacaciones, me llamó por teléfono.
Así fue cómo en septiembre de 2003 conocí a Jaume Roures y Manuel Huerga en un restaurante de la calle València. Y ahí empezó una relación edificada a partir de cenas sucesivas, casi siempre en ese mismo restaurante y en esa misma mesa, siempre con un invitado distinto, aunque con el mismo objetivo: averiguar quién fue realmente Salvador Puig Antich a partir de los testimonios de aquellos que mejor le conocieron: sus hermanas, sus amigos, sus compañeros de armas.
Nuestro primer contacto fue con Imma, Montse y Carme Puig Antich. Las tres fueron generosas con sus recuerdos, mientras yo me dedicaba a tomar nota en una pequeña libreta negra. Por su manera de contar cómo era Salvador, y por la forma como también lo harían los otros, empecé a sospechar lo que aprendí hace tiempo: que la vida no nos cambia tanto como creemos, que en el fondo conservamos los rasgos esenciales de lo que fuimos. Por eso, después de treinta años, perviven la Carme luchadora y vital, la Imma fuerte e infatigable, la Montse frágil pero indestructible.
Desde luego, en los ojos de Pons Llobet, reconocimos la mirada de aquel chaval a quien sus compañeros llamaban Queso. Locuaz y vehemente, nos dibujó el croquis del atraco al Banco Hispano-Americano sobre una servilleta de papel.
De Jordi Solé recuerdo su apretón de manos. Manos que habían empuñado una pistola. Y la mirada. La mirada de alguien que ha vivido para contarlo. De su hermano Ignasi, me quedo con sus modales de hombre acomodado e inteligente. Fumando un puro y fingiendo no entender por qué queríamos hacer una película.
Marian Mateos vino a regañadientes. Para ella es algo que sucedió hace tiempo. La vinculación de Quesita al grupo fue más emotiva que ideológica. Pero nos dijo qué música le gustaba a Salvador. "I talk to the wind, my words are all carried away...".
Xavier Garriga, el Secretario, que durante años no quiso hablar del tema, demostró tener buena aunque amarga memoria de aquellos años.
En la Barceloneta, Emili Pardiñas nos confesó que alguna vez habían celebrado el éxito de una acción zampándose una paella junto al mar.
Y Felip Solé, de memoria infatigable, me dedicó muchas horas, opiniones y recuerdos en la cafetería del Hotel Suizo.
Una mañana de otoño, al descolgar el teléfono, oí la voz remota de alguien que lleva más de veinte años en prisión: Jean Marc Rouillan, desde la cárcel de Lannemezan. Semanas atrás le había escrito pidiéndole que me hablara de Salvador y del MIL. Lo hizo. Y recordaba hasta el más mínimo detalle de aquellos días.
Merçona Puig Antich vino sola. Nos dibujó a Salvador visto desde sus trece años.
Francesc Caminal, meticuloso y prudente, nos habló con admiración de Oriol Arau, que tanto hizo por Salvador y que quizá también empezó a morir aquel dos de marzo.
El Dr. Barjau, que el día del tiroteo estaba de guardia en Urgencias, nos contó todo lo que no le permitieron declarar en el juicio.
El padre Manero, aún conmovido, nos transmitió su afecto por Puchito, ese alumno díscolo que él consideraba tan buen chaval.
En otra ocasión, Marcos Ordóñez nos hizo un ambiguo retrato de Francisco Anguas, con quien una vez fue al cine a ver una de piratas.
En Ibiza, ante un mar cruelmente azul, Jesús Irurre nos describió la ejecución y cómo el conocer a Salvador cambió su vida. Es posible. Observando su rostro bronceado y su coleta cana, nadie diría que sigue siendo funcionario de prisiones.
En Palma de Mallorca pasamos horas en el Bar Bosch, charlando con Margalida. Desbordante y apasionada, nos contó el Salvador más íntimo. Y mientras nos dirigíamos al aeropuerto recordé la canción de Leonard Cohen: "And you know that she’s half crazy / But that’s why you want to be there…"
Y ya metidos en la piel de Salvador, una noche de invierno nos enamoramos de Montse Plaza mientras nos contaba que fue él quien le enseñó a besar.
Pasó el tiempo. Creí conocer a Salvador. Escribí el guión. Se rodó la película.
Y contemplando el rostro de Daniel Brühl, me pregunto cómo sería ahora. ¿Qué habría sido de él? ¿En qué andaría? ¿Qué quedaría de la persona que fue? ¿Y qué pensaría de todo esto?
|